De la Angurria Disfrazada de Progreso

Por David Roca Basadre, publicado en el Semanario Hildebrandt en sus Trece

La entrega de una gran cantidad de unas tierras irrigadas de Olmos a una sola empresa, que sin dudas, dedicara gran parte de su producción a exportar, no solo genera desencanto ante el desplazamiento de los pequeños productores a los que estaba destinado ese proyecto desde su concepción, sino que nos advierte acerca del destino de nuestro territorio como afirmado proveedor para abastecer la abundancia de otros. Tal ha sido nuestra historia y nada indica que se pretenda torcer ese destino. Hoy se trata de proseguir con el abastecimiento de recursos a los tradicionales países expoliadores (que se llaman así mismo “desarrollados”), pero además a los países que se han sumado al modelo predominante con más éxito: el grupo llamado BRICC (Brasil, Rusia, India, China, Corea del Sur), constituido por países que incrementan aceleradamente su capacidad de consumo (lo que llaman “progreso”).

El acaparamiento directo de tierras por ricos compradores extranjeros en el mundo se da mayormente en África y Asia, y aparentemente poco en nuestro continente, pero eso es porque no hay necesidad dado que existen otras modalidades de garantizar el abastecimiento de recursos.

China, por ejemplo, debe preocuparse por alimentar a una población de 1,500 millones de habitantes, de la que una proporción creciente adquiere cada vez más estándares occidentales (europeo/estadounidense) de consumo. Nuestras tierras costeñas, serranas, amazónicas y mares, y la de otros países vecinos (sea para el agro, la pesca, la minería, los hidrocarburos para la cocaina!) son parte de los espacios indispensables en el mundo para ese desarrollo ajeno.

Pero no solo abastecemos a países lejanos. El desarrollo chileno, asentado en un territorio muy pobre, necesita desesperadamente de nuestras tierras, nuestras aguas y nuestro espacio. Por ello se produce la compra y adjudicación de porciones de nuestro territorio a capitales de ese país que aportan, así, a los avances geopolíticos que –es necesario decirlo?- no obedecen a caprichos patrioteros, sino a necesidades contantes y sonantes sin las cuales no podrán vivir. Ejemplos abundan: las grandes extensiones de tierras adjudicadas al Grupo SEM chileno en Ucayali, para la producción de etanol, que llega a poco más de 50,000 hectáreas (en las zonas de Quebrada de Maputay, Masisea-Iparia, Campo Verde-Mamantay); las inversiones conjuntas de capitales peruanos como los del grupo Romero con ENAP de Chile; el incremento en la adquisición de tierras agrícolas en la costa por inversiones de ese país y su protagónica participación en puertos, navieras, energías, etc.

Para todo ello (sea actividad agrícola de pesca, minería, petróleo) se pasa por encima de cualquier valor: se vende y se concesiona zonas sensibles, como áreas naturales protegidas, territorios oficialmente reconocidos de pueblos indígenas en la Amazonia, sitios de pesca para consumo humano, zonas secularmente habitadas por poblaciones campesinas, bosques secos como los que –surgidos maravillosamente sobre tierras eriazas luego del fenómeno La Nina – el mismo Grupo Romera ha tumbado en Piura para producir etanol.

No hay crisis mundial que detenga esto. La multiplicación de demandantes hace que la avalancha de actividades extractivas de todo tipo no cese ni vaya a cesar, y que la angurria disfrazada de progreso no vacile en llevarse todo cuanto haya. Que nuestra economía centrada en la exportación de materias primas, no termine de crecer, es el indicador mayor de avalanchas de conflictos de los que Conga es solo un emblema.

El gobierno está preso de una circunstancia en la que solo le queda decidir por afirmarse pragmático, como se dice, en este proceso al que llaman globalización u optar por un camino imaginativo de gradual ruptura con todo ello. Como al parecer ha optado ya por lo primero, la lógica obliga a pensar que la conflictividad social no se detendrá sino que va a incrementarse. No hace falta ser adivino para saberlo.

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Acerca de Ana Maria Quispe

dietista, ecologa, defensora de derechos humanos, pacifista
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